El cachopo no es solo un plato; es un estandarte. Aunque hoy lo vemos coronando las cartas de los restaurantes más sofisticados de Madrid, México o Miami, su origen es mucho más humilde y auténtico. Para entender por qué este gigante de carne y queso conquista paladares, debemos viajar al corazón de la gastronomía asturiana.
El origen humilde: Un plato de aprovechamiento
Aunque existen referencias antiguas a platos de carne rellena en la cocina europea, el cachopo tal como lo conocemos tiene una raíz puramente casera. En las aldeas de Asturias, nada se desperdiciaba. El “cachopo” (cuyo nombre proviene de la palabra cacho, por su parecido con los troncos huecos de los árboles donde se guardaban herramientas) nació como una forma de dar salida a filetes de ternera que quizás no eran los más tiernos, enriqueciéndolos con lo que había en la despensa: jamón y queso.
Los años 50: El salto a los manteles blancos
Fue a mediados del siglo XX cuando este plato doméstico dio el salto a la hostelería. Se dice que el restaurante Pelayo de Oviedo, allá por el año 1947, fue uno de los pioneros en incluirlo en su carta de la mano del chef Olvido Álvarez.
Lo que antes era una comida familiar se convirtió en un reclamo para los comensales que buscaban algo contundente, sabroso y, sobre todo, diferente al clásico filete empanado.
¿Por qué se convirtió en un fenómeno mundial?
El paso de ser un secreto regional a un fenómeno global se debe a tres factores clave dentro de la gastronomía asturiana:
- La calidad de la materia prima: El uso de la Ternera Asturiana con IGP (Indicación Geográfica Protegida) garantiza una textura que otros rebozados no pueden imitar.
- El auge del turismo gastronómico: Los viajeros que visitaban el norte quedaban impresionados por las dimensiones del plato, convirtiéndolo en el protagonista de sus recomendaciones boca a boca.
- La era digital: El cachopo es “fotogénico”. El momento de cortar la carne y ver el queso fundido fluir es el contenido perfecto para redes sociales como Instagram y TikTok.
El cachopo hoy: Innovación sin perder la esencia
Hoy en día, la gastronomía asturiana ha sabido evolucionar. Aunque el “clásico” (jamón y queso) sigue siendo el rey, los chefs actuales experimentan con rellenos de cecina de León, queso de cabra, setas silvestres y hasta versiones de pescado.
Lo que comenzó en una cocina de aldea para alimentar a los trabajadores del campo, es hoy una pieza de culto culinario que representa el orgullo de un pueblo y el placer de comer bien.

Sé el primero en comentar en «Historia del cachopo: De las aldeas asturianas al estrellato mundial»